En
medio del torbellino de términos del esperanto de la moda, hay prendas
inclasificables. Por suerte. Las camisas de Miguel Palacio no encajan en ninguna
de las tendencias de esta temporada y a la vez encajan en todas; son suaves,
elegantes, irónicas, valientes, limpias.
Llegan en un momento, tras el 11-S, en que los editores de moda se alejan de
las imágenes agresivas y ariscas; reivindican prendas y entornos amables.
es el Instinto de supervivencia, la vuelta a los valores tradicionales, la defensa
del lujo callado... llamémoslo así.
Las camisas, presentadas en Cibeles con sencillos y bien cortados pantalones
oscuros, Pero no son simples tributos; esos hilos que fruncen mangas y espaldas
demuestran un guiño al rigor de la clásica "camisa blanca".
Las costuras rotas muestran un corte limpio, frío. Esos detalles cuentan
que Miguel Palacio juega así con sus piezas porque sabe bien cómo
construirlas. Sólo tras una confección seria puede llegar la ironía.
Tejidos, forma y color apuestan por una mujer sofisticada, sin arrogancia, urbana
sin dureza. El blanco roto alivia y aclara la imagen, algo siempre necesario
en un país que viste de colores oscuros.
A Balenciaga le gustarían.forman una colección
en sí misma; herederas de una escuela de costureros preocupados por el
rigor y el patrón.